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Transsexualidad

Transsexualidad; Angela Verschoor

 

Disforia de género

Angela Verschoor trabaja en el CITO (instituto mundial de evaluación académica) en el departamento de investigación donde ella hace el análisis estadístico de pruebas y exámenes. Hace tres años se fue a Tailandia para hacerse una operación de cambio de sexo.

¿Cuándo te diste cuenta de que, ¿como lo diría?...¿eras una mujer en el cuerpo de un hombre?
Para mí, no hubo un momento claro en el que repentinamente me di cuenta de que tenia una disforia de género, que estaba descontento con mi género. A veces oyes historias sobre que uno ya sabía en la guardería que en realidad era una chica, o que quería hacerse chica. Ese no es para nada mi caso. Yo era un chico, y ya. Sí que recuerdo no entender la diferencia entre chicos y chicas, no la podía reconocer, o quizá no quería entenderla. No lo sé. Creo que tenía ocho o nueve años cuando no pude negarlo, aunque tampoco me afectó realmente en ese momento.
Así que nunca he tenido esa sensación de ser una mujer en el cuerpo de un hombre. No sé cómo es «sentirse mujer» y cómo es «sentirse hombre». Sí sé que nunca fui un hombre. Pero también sé que nunca seré una mujer. Y aun así tomé la decisión, hace tres años, de cambiarme el cuerpo a un cuerpo de mujer, y esta decisión fue la mejor de mi vida.

¿Practicabas el travestismo de niño? ¿Venía acompañado de una masturbación?
En realidad, nunca me masturbé. Una sola vez ocurrió algo que pudo haber sido una polución nocturna, pero en realidad no hubo nada más. Mirado con retroperspectiva creo que hubo algún tipo de tensión, pero no pude actuar ante ella por estar demasiado confuso. Para mí, el travestismo no era una herramienta de la masturbación, sino algo que me relajaba. En general, el papel del travestismo en el sexo disminuye en cuanto la disforia de género aumenta.
Tenía unos diez años cuando empecé con el travestismo. La tensión sexual llegó más tarde, cuando tenía unos 14 años, creo. No es del todo cierto, pero empecé a masturbarme realmente tras mi operación de hace tres años.

¿Cómo viviste tu pubertad?
En la pubertad me costó bastante esfuerzo y tiempo darme cuenta de que algo pasaba. En esta época era un verdadero solitario, casi no tenía amistades. Los amiguitos que querían jugar al fútbol no me atraían mucho, mientras que tampoco era muy bienvenido entre las chicas siendo yo un chico. Creo que fue por eso que a los doce años me molestaron sistemáticamente en el instituto. No duró mucho, pero mis padres se asustaron y así llegué al psiquiatra para hacerme más fuerte. Pronto se descubrió que era tan retraído por una razón de la cual no quería hablar. No era consciente de que mis sentimientos de confusión en cuanto a mi identidad tenían que ver con lo retraído que era. Tras algunos meses se descubrió la verdad, por casualidad, y entonces el tono de las conversaciones con el psiquiatra cambió completamente. Fue algo como: «¡por fin podremos ir en una dirección!».
Pero mis padres se enteraron y la terapia terminó poco después, porque opinaron que iba en la dirección equivocada.

Y entonces, ¿qué?
Tras aquel medio año con el psiquiatra empecé a ser consciente de lo que pasaba, pero todavía no estaba preparado para actuar. Mis padres no lo entenderían y yo tampoco sabía qué hacer. No pensé en ir al médico de cabecera. Yo esperé. Ignoraba el asunto. Me costó mucho esfuerzo y tiempo terminar el instituto. Cuando me fui de casa para estudiar matemáticas, pensé durante un tiempo seriamente en hacer mi caso público. Pero tenía que acostumbrarme a la vida estudiantil y sabía muy bien emplear la táctica de ignorar y posponer. Así pasé mi época de estudios. Después de mis estudios, tuve la oportunidad de ir a EE.UU. Allí trabajé durante un año y medio en el Banco Mundial. Una época agradable, un entorno muy diferente, pero sí que notaba que EE.UU. no tenía una sociedad en la que me gustaría quedarme. Y así volví a Holanda. Y paulatinamente llegué a aceptar mi situación y empecé a querer actuar. En aquellos tiempos me fui regularmente a Inglaterra, y allí entré en contacto por Internet con compañeros de fatigas. Fue allí también donde llegué a la conclusión de que algún día me operaría.

¿Cuáles son tus experiencias sexuales?
Cuando se terminó mi estancia en EE.UU. tuve una relación muy breve. No era el momento. Ya había tomado la decisión de regresar a Holanda y mi novia de entonces no podría haberse acostumbrado nunca a la vida de aquí, creo. También en cuanto al terreno sexual nunca fue un éxito. Yo tenía demasiados problemas conmigo mismo para poder hacer funcionar la relación. Nunca hubo nadie más con quien tuve una relación íntima. Pero medio año antes de mi operación, empecé una relación con una mujer transexual. Una vez que fuimos operados los dos, nos casamos.

¿Por qué te has operado en Tailandia? También existe la posibilidad de hacerlo en los Países Bajos, por ejemplo en la Vrije Universiteit.
Me dejé contentar con vagas promesas. Me dijeron que había una lista de espera de tres meses, pero resultó ser de 14 meses. Entonces, finalmente pude ver al psicólogo, un recién licenciado. La primera pregunta estándar fue «¿Qué hace usted aquí?». Respondí preguntándole qué más me podían ofrecer aparte del trayecto con hormonas que ya había empezado tras consultar un especialista inglés. No le gustó mi pregunta. Básicamente me fui de allí corriendo, y me dejé operar en Tailandia.

¿Es cierto que sólo puedes masturbarte con normalidad desde tu operación?
Bueno, ¿qué es normal? En el pasado, tuve alguna erección de vez en cuando, pero no fue mucho más que eso. Y sólo cuando todos los nervios se habían recuperado tras la operación, pude tener por primera vez un verdadero orgasmo.
En la operación utilizaron una parte del glande para formar un clítoris. La técnica está bastante más avanzada en Tailandia que aquí en los Países Bajos. Tanto en cuanto al aspecto como a la sensibilidad no hay comparación, mientras que cuesta mucho menos que aquí en Europa.

¿Tienes una orientación sexual u erótica, es decir, una preferencia por uno de los dos sexos? ¿Te consideras bisexual?
En realidad no me gusta nada este tipo de distinciones. A mí me gusta una cierta persona, y entonces importa mucho más su personalidad que su cuerpo. Yo no me autodenominaría bisexual, aunque estrictamente hablando sí que sería cierto. Tengo un hobby muy masculino; tengo un coche de época. Y se podría decir que tengo una ligera preferencia por las mujeres. Con mi pareja tengo más bien una relación basada en la intimidad que en el deseo sexual. Casi nunca tenemos sexo.

Dik Brummel

Puedes encontrar más información sobre el cambio de género en
Información sobre el Síndrome de Harry Benjamin: www.shb-info.org
Grupo de Apoyo a Hombres Trans: www.gaht.cl
Asociación Española de Transexuales: www.transexualia.org
El hombre transexual: www.elhombretransexual.es

 

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