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Pedofilia

 

El pedófilo; El tratamiento

El pedófilo; el tratamientoAyer hablé con el psiquiatra responsable de mi tratamiento. No sé por qué se les da este título, porque no es que me estén tratando como deberían. Bueno, tampoco es del todo cierto. Cada mes me suministran una inyección. He cedido ante eso tras mucha insistencia por parte de mi madre, por parte de la dirección de aquí, y porque me lo aconsejó mi abogado. Este me dijo: «Por lo menos tienes que mostrar que quieres cooperar, así el juez que tiene que otorgar su autorización puede tenerlo en cuenta». Pero yo tengo la sensación de que no me sirve de mucho. Durante la última sesión, el psiquiatra dijo que esta inyección no tiene ningún efecto en un 25% de los casos, así que sigue existiendo una posibilidad de que vaya a abusar de niños. Sigo estando en la sección de observación, en un mes se decidirá adónde tengo que ir. El psiquiatra responsable de mi tratamiento me pregunta: «¿Te sigues masturbando de vez en cuando a pesar de recibir esta inyección?». Yo le dije: «No, no tengo nada de ganas.» «¿Tampoco juegas un poco con tu pene para ver si puedes tener una erección?» me pregunta. Yo le digo que sigo tocando mi pene de vez en cuando, y que por la mañana noto que me despierto con la mano contra mi pene, pero que no siento ninguna necesidad de jugar con el. «Bueno, eso está muy bien, vas en la buena dirección», dice. Yo le pregunto cómo va a demostrar que no soy ningún peligro. Nunca lo he sido, pero no logro hacerle entender eso, así que cedo ante el «tratamiento» porque quiero salir de aquí algún día, y sólo es posible cuando el psiquiatra le diga al juez que mi liberación no forma ningún peligro. Libre del todo es imposible, pero yo estaría ya mucho mejor si recibiera un tratamiento durante el día. Entonces tendría por lo menos un poco de libertad para salir fuera, quizá podría tener un trabajo. «Bueno, Arjen, para serte sincero, me da un poco de miedo pensar en que te pondrán en libertad. Puede ser que aquí estés tranquilo, o actuar como si estuvieras tranquilo, ¿pero qué pasaría si las puertas de esta clínica se cerraran detrás de ti? Si un niño pequeño pasa en su bici por tu lado, ¿cómo voy a saber que no le sacas de su bici?» Me tengo que controlar mucho para no empezar a gritarle a la cara. Le digo: «Usted no sabe nada de pedófilos. Un pedófilo quiere a los niños, y jamás les hará daño. ¿Cómo puede pensar que yo sacaría a un niño de su bici? Quizá hay muchas personas que sí lo harían, éstas son peligrosas y malas. ¡Yo nunca lo haría!» «¿Pero la idea no te excita ni siquiera un poco?» pregunta. «A mi me excita pensar en sacar a una mujer de su bici y violarla. ¿Tú no tienes lo mismo con niños pequeños?» Repito que no tengo para nada este sentimiento. «¿Qué opinas del porno infantil?» pregunta. Yo le digo que si el porno infantil consiste en abusar de niños, no me gusta nada este tipo de porno. «¿Pero tú no tenías porno infantil en tu posesión?, por eso estás aquí. ¿Cómo está este tema?» «Es cierto que encontraron porno infantil en mi casa. La guardaba para alguien que se estaba divorciando y que tenía miedo a que su esposa lo utilizara en su contra, para así quitarle el acceso a sus hijos. Pero yo ni siquiera tenía un aparato de vídeo. También se llevaron revistas de la asociación Martijn y calzoncillos de niños. Yo he confesado que estos me excitan y que me he masturbado encima de ellos. Y si tanto hubiera querido ver porno infantil, entonces tendría un ordenador, como tantas otras personas.» «¿Cómo sabes que se puede encontrar porno infantil en el ordenador?» «¿Acaso no lo sabe todo el mundo? Aparece continuamente en los periódicos, y también en la tele hay programas sobre eso. Todo el mundo habla del tema. Todo el mundo sabe que en los Países Bajos hay una línea directa para denunciar el porno infantil. ¿Pero qué tiene que ver con abuso o violación? Incluso si yo viera porno infantil, eso no me haría un violador, ¿no?» «¿Sabes qué? Te pondremos en libertad y te ayudaré a conseguir un buen trabajo. Como vendedor en una tienda de ropa infantil. Así, todo el día podrás oler ropa infantil y podrás asistir a los niños a vestirse. ¿No te parece una buena idea?» Yo me enojo mucho y le digo que tengo una idea mucho mejor, a saber, hacerse maestro de escuela. Y entonces le digo: «Usted sabe muy bien que yo no quiero ese tipo de trabajo. Quizá muy dentro de mí sí que lo quiero, pero sé que pedir que el lobo guarde las ovejas es de hombre bobo. Sí que quiero poder hablar con niños, como todos los demás, pero no quiero nada más. Esta semana estaba hablando por teléfono durante la hora de visitas cuando pasó una chica por mi lado que me miró y dijo "hola", a lo que yo respondí "hola" y seguí con mi llamada, pero inmediatamente se me recriminó mi acción, porque no podía hacer algo así, lo que me pareció una tontería». «¿Prefieres los chicos o las chicas?» «¿Qué prefiero? Yo hablo con más facilidad con los chicos, si usted se refiere a eso». «¿Pero por qué no hablas con la misma facilidad con chicas?» «Nunca he tenido un conexión con las niñas. No conozco ninguna chica, no siento nada especial por ellas. Pero me gusta hablar con los chicos. Me gustan sus historias, me gusta como pueden presumir y hacerse los chulos. También me gusta jugar con ellos, jugar al fútbol o a pillar». Y entonces le digo que me imagino que debe entender algo de todo esto, porque él me contó que era homosexual, y eso quiere decir que a él también le gusta más tratar con un hombre o un chico que con una mujer. Pero él indicó inmediatamente con su cabeza que no, y dice que no es para nada su caso. Opina que pinto las cosas más hermosas de lo que son, porque al fin y al cabo tengo un pasado de abusos. Eso lo sabe por mi informe, y no tengo la necesidad de mantenerlo secreto. «Hace diez años tuve dos novios (de doce y de nueve años) y también hice juegos sexuales con ellos. Por una estupidez, el mayor me denunció, y así yo fui ingresado en la misma clínica psiquiátrica. Después de eso no volví hacer algo así, y jamás lo volvería a hacer». Uno de los asistentes me confesó que no voy a salir de aquí pronto. «Cuánto más se alargue tu ingreso aquí, y eso ahora es cada medio año, peor posicionado estás, porque lo utilizarán en tu contra. Los psiquiatras seguirán diciendo que no están 100% seguros de que no eres un peligro, y el juez tomará una y otra vez la decisión de que aún no ha terminado tu tratamiento. Prepárate porque te quedan aquí por lo menos unos 15 años».

Nuestro estado de derecho se sustenta en la policía, los fiscales, los jueces y los abogados, que, en principio, tienen que operar dentro de los límites de las leyes formuladas por el parlamento. Además, desempeñan el papel de «expertos», como detectives con una educación especial.
También están los psiquiatras que dan su opinión sobre el «estado de ánimo», la «libre voluntad» y la «imputabilidad del sospechoso».
Sobre el retorcido papel de los psiquiatras en la justicia, Crombach y otros autores escribieron en 1992 el libro Dubieuze Zaken (casos dudosos). En este libro narran sobre un cierto Dr. Grigson, conocido como Dr. Death (Dr. Muerte), un psiquiatra que como experto hizo que en 115 casos en Texas el juez condenara el sospechoso a la pena de muerte, indicando con firmeza que el sospechoso «seguiría formando una amenaza para la sociedad» (una exigencia por ley para poder condenar alguien a la pena de muerte). Este psiquiatra era tan brillante que ni siquiera necesitaba ver al sospechoso para llegar a esta conclusión con firmeza. Crombach y otros opinan que eso sería impensable en los Países Bajos, ya que aquí siempre se investiga al sospechoso y se suele dedicar mucho esfuerzo y tiempo a los informes. A continuación demuestran que la opinión de los psiquiatras neerlandeses tampoco tiene mucho valor, mientras que el juez se deja guiar casi siempre por la opinión de éstos.
Desde la publicación del libro de Crombach, algunos asuntos han empeorado (véase por ejemplo el trabajo de Britta Böhlers Crisis in de Rechtstaat (crisis en el estado de derecho) del año 2004.De vez en cuando los medios hablan de un caso que asusta a todo el mundo (como el caso de Cees B. que fue condenado indebidamente en el caso del asesinato de Nienke Kleiss).
Si se destapa un caso de corrupción de la justicia, uno puede esperar que el sistema se haga más justo. Sin embargo, también tiene lugar un efecto contrario.
Las «fugas» de dos internos bajo disposición judicial en un periodo de dos años alarmó tanto que el ministro de justicia se sintió obligado a tomar medidas cada vez más «fuertes». Un ambiente de pánico recorre todo el sistema judicial, tanto entre los jueces como entre los guardas.
Y así, también el psiquiatra que opinó sobre nuestro pedófilo, no lamenta no haber investigado al sospechoso. Simplemente sabe que no existe un 100% de garantía de que el sospechoso no sea una amenaza para la sociedad o para si mismo. Y el juez provincial sigue naturalmente ese consejo «experto» y otorga una autorización para un «tratamiento» en una clínica psiquiátrica.
Así que le internan por el bienestar de los demás. Le vigilan día y noche. Cuando tiene que ir al dentista, le ponen un palo en el pantalón que le hará imposible correr y escapar. Le castran químicamente. Diariamente está expuesto a la falta de educación de los asistentes con pocas habilidades pedagógicas y poca compasión humana.
El sistema sigue funcionando acorde a las reglas. Supuestamente, el juez es independiente, y el psiquiatra un experto, el abogado puede aportar su granito de arena. Cada medio año se representa este ritual a cambio de un pago y los jueces otorgan su autorización.
Y nadie se entera.
El pánico en cuanto a los delitos sexuales es tal que nadie quiere ser responsable de la liberación de un pedófilo si no se ha podido demostrar con un 100% de seguridad que no siga siendo un peligro para la sociedad. Puesto que no existe un 100% de seguridad, el psiquiatra es capaz de ofrecer al juez su consejo de experto de que, sin haber investigado el sospechoso, sería mejor encerrar a nuestro pedófilo en una clínica psiquiátrica. Y cuanto más crítico sea, más posibilidad tiene de recibir el diagnóstico de «intratable», resultando en un encierro de por vida, al fin y al cabo para nada.
Él que quiera conocer cómo era la civilización neerlandesa del año 2005, tendrá que considerar este problemática también.

Dik Brummel

 

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