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Pedofilia

 

El pedófilo; Dentro de la prisión

El pedófilo; Dentro de la prisión «Esta mañana había dos chicos en la plaza de la cárcel. Parecía que me estaban esperando. Uno era un tío gordo y calvo, era el peor, el otro era un larguirucho. Me preguntaron por qué estaba allí. Yo mismo había pedido a las guardas que me dejaran salir a la plaza con otros prisioneros, porque estar allí solo no es divertido. En total éramos seis chicos en la plaza. Pero bueno, les dije que estaba en la cárcel por robo. Entonces el calvo me dio inmediatamente un golpe y me dijo: "Eso no es cierto. Creo que estás aquí por haber violado a una niña, admítelo". Yo le dije que no. Entonces, el calvo presionó el botón y dijo que tenía que irme y que no podía entender cómo me atrevía a mostrarme en la plaza. El guarda dijo: "Esperad un momento, ahora venimos". Entonces, el calvo dijo: "Será mejor que vengáis lo antes posible, porque el tío se está poniendo mal". Inmediatamente después recibí dos patadas. Entonces me sacaron de la plaza. Por el pánico olvidé mi tabaco allí y eso fue un verdadero castigo para mí» «Quiero que siga siendo un secreto que estoy aquí por un delito sexual, pero no para todo el mundo. Acaba de ingresar uno nuevo, un hombre amable. Ha sido acusado de malversación, pero según él es inocente. Cree que esto es un infierno y todo el día anda maldiciéndolo todo. Aun así, creo que es una persona apropiada para contarle lo mío. Él recibe visitas de su esposa e hijo de 12 años con un amiguito de 13 años, y me prometió que pasaría por mi mesa con estos chicos para que les diera la mano. Eso me pareció bonito. Le he contado porqué estoy aquí, y que es mi segundo delito sexual. El primero fue hace diez años. Entonces fue por abusos deshonrosos y este segundo caso es por ofensa a la decencia. Entonces él quiso saber la diferencia entre abusos deshonrosos y la ofensa a la decencia. Yo le dije que en el caso de abusos deshonrosos se trata de tocar a alguien, o dejarte tocar, tocar los genitales de una persona o masturbar a un chico, o que alguien te masturbe. Yo lo había hecho con un niño, nos habíamos masturbado el uno al otro, y este chico tenía 11 años. Entonces seguí una terapia, se trataba de conversaciones, y eso me enseñó a controlarme para no cometer abusos deshonrosos. Desde entonces, jamás he vuelto a hacer nada parecido. Pero sí que violé la decencia. Para mí, la ofensa a la decencia es mirar por encima de una pared como un chico se viste, lava, defeca u orina. La sensación que obtengo al hacerlo es placentera, y a veces me masturbo. Por eso pongo de vez en cuando un recipiente en un baño público con una notita que dice "orinar aquí". Vuelvo más tarde para ver si alguien ha orinado en el recipiente. Entonces, me llevo a casa el recipiente y me masturbo con él. También me gusta oler calzoncillos y pañales. Ya tenía esta preferencia de niño. Creo que tenía nueve años cuando pasé por primera vez al lado del tendedero y vi colgando pequeños calzoncillos, y recuerdo muy bien que me dio una sensación muy agradable» «En la prisión, todos los días son iguales. Tengo que trabajar todos los días, a veces por la mañana, a veces por la tarde. Suele tratarse de empaquetar o pegar pegatinas. Por la noche, veo la tele en el comedor y por lo demás estoy en mi celda. Una vez a la semana recibo visitas durante una horita, que siempre me hace mucha ilusión. Mis padres conducen 100 Km. para venir a verme. Mi madre siempre trae dinero para comprar papas, coca-cola y tabaco. Solemos pelear, porque ella quiere que me inyecten contra la pedofilia, pero no existe una inyección contra eso. Siempre he sido así, me gusta jugar con los niños, no les hago daño, jamás haría daño a un niño»

Los jueces neerlandeses han acordado los grados de las penas, de lo contrario, las diferencias entre las penas impuestas por los jueces serían demasiado grandes. Así, las directrices para una persona que ha causado lesiones graves a otra persona son 18 meses. Arjen ha recibido una pena de 21 meses por «ofensa a la decencia» y por poseer porno infantil. Por lo tanto, se considera eso más grave que causar lesiones graves a otra persona. La ofensa a la decencia fue que, en un váter para niños de un camping, se le «pilló» con su pene en la mano, inclinado hacia delante viendo como su caca caía en el váter.
¿Comportamiento infantil? Vale. Se estima que a los 34 años ya has abandonado la fase «anal» de la niñez. Pero, que tire la primera piedra aquel que nunca comete actos infantiles.
¿Comportamiento anormal? Por supuesto. Cuando uno tiene 34 años, debería saber que no se puede hacer ciertas cosas en cualquier sitio. Aunque las personas normales encuentran irresistiblemente excitante los sitios prohibidos.
¿Estúpido? Por supuesto. Si eres listo, no te sientas al otro lado de una puerta de baño tan baja que cualquier hombre alto te pueda ver.
A pesar de todo, nuestro condenado no siempre es tan listo (el psiquiatra incluso lo clasificó como retrasado mental): le gusta ser sincero y travieso como un niño que sólo sigue sus deseos, esperando que los demás niños quieran jugar con él.
¿Malo? No, a lo más, complicado. Igual que unos 4000 niños que son considerados complicados, Arjen se encuentra encerrado, porque nadie tiene mejor idea sobre qué hacer con él.

Yo le visitaba cada dos semanas, durante 45 minutos, siempre acompañado de sus padres. No hacía nada más que preguntarle y escucharle. Él siempre estaba alegre y se enfrentaba a su madre, quien le traía moneditas y se enfadaba cada vez un poco más con él porque siempre hablaba en voz alta sobre sus fantasías de emigrar y viajar por el mundo. Ella quería que yo intentara convencer a su hijo para que aceptara una inyección contra sus impulsos pedófilos. Ella creía sinceramente que algo así existía. Él se oponía a esta inyección, porque le tenía miedo y creía que le perjudicaría. No hay nada contra los deseos pedófilos, él le decía. Él jamás dañaría o cometería abusos deshonrosos con niños. Había encontrado su propio método para disfrutar por lo menos un poco, y no molestar a nadie.

Yo me comportaba lo más neutral posible, pero para la madre no era suficiente. Probablemente, le hice notar que era más partidario de su hijo que de ella. En un momento dado, me negaron el acceso a la prisión. Llamé al director, y me dijo que él era el responsable de la seguridad, y que los conflictos entre los visitantes formaban una amenaza para la seguridad. Arjen me dijo que su madre había hablado con el director para negarme la entrada. Como ya casi había cumplido su condena, el tiempo pasó de prisa. Sin embargo, el juez no sólo le impuso una pena (que carecía de sentido), sino que ordenó que estuviera bajo vigilancia del servicio asistencial para la reinserción social. Con el tiempo nos enteraríamos de las implicaciones que eso tenía.

Dik Brummel

 

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