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Pedofilia

 

El pedófilo; Ingresado

El pedófilo; un cuadro de «Chris Mars Martyr of Forced Meditation»«De momento estoy en una clínica psiquiátrica. Tengo que esperar aquí hasta que haya sitio en otra clínica psiquiátrica donde podré recibir un tratamiento, que aquí no me pueden dar, dicen. No entiendo por qué estoy aquí. No hice nada malo. El juez me condenó a siete meses de libertad vigilada bajo la condición de que, durante tres años, obedeciera a las indicaciones del servicio asistencial para la reinserción social. Pero los del servicio asistencial han abierto ahora un nuevo proceso, y el juez me hizo ingresar de nuevo, porque los del servicio asistencial dicen que soy un peligro para la sociedad. Es simplemente una tontería. Soy pedófilo, y no puedo cambiarlo. Y ellos tampoco lo pueden cambiar. No se puede cambiar la inclinación sexual de una persona. Tampoco se puede cambiar a un homosexual, o cualquier otra persona. Pero consideran que en el caso de los pedófilos, la inclinación no se puede tratar y la usan en contra de los pedófilos..La gente suele relacionar un pedófilo con abusos. En su imaginación existe un armario con cajones, y si abren el cajón «pedófilo», sale inmediatamente «abusos». Así que me consideran un peligro, a pesar de no hacer nada. Dicen aquí que no saben de pedofilia, y que tampoco quieren hablar sobre pedofilia conmigo. Pero sí que me mantienen vigilado. Si hablo sobre pedofilia con otros pacientes, me tengo que ir a mi cuarto. Durante la hora de visitas, en la que vienen los hijos de otros internados, me tengo que ir a mi cuarto. No me dejan ver los Teletubbies. Un día estaba leyendo la revista Ouders van Nu (Padres de hoy en día). «Ese tipo de lectura está prohibida para ti, Arjen», me dijo la dirección y me quitaron la revista. «Como castigo te tienes que ir a tu cuarto». Tenía una foto de mi sobrino en bañador en el sofá, sentado al lado de su madre, y me la quitaron. También tengo que ir a mi cuarto cuando he fumado un porro. Sí que se puede fumar, pero no porros. La mayor parte del tiempo estoy en mi cuarto. Preferiría que el juez me hubiera condenado a siete meses en la cárcel, porque eso sería todo. En la prisión se está mejor. Allí puedes trabajar todos los días y por la noche te dejan ver la tele en la sala de recreo. También quieren que empiece con la inyección. Temo a esta inyección, que tampoco sirve contra la pedofilia. Es una castración química para atontarme, y para no tener libido. Pero primero han estudiado el catabolismo del hueso, porque la inyección lo aumenta, así que ahora tengo que tomar medicamentos contra el catabolismo del hueso, y luego me pondrán la inyección. Si puedo, intentaré no tomarme las pastillas, porque mientras tenga catabolismo del hueso, no me pueden poner la inyección. Pero ellos están delante de mi cuando me tomo las pastillas.

Cuando Arjen cumplió su pena, volvió a vivir con su madre. Sin embargo, todavía no le habían dejado libertad. El juez había ordenado que no necesitaba cumplir siete de los 21 meses, bajo la condición de que de se sometiera a la supervisión del servicio asistencial para la reinserción social. Probablemente, fue bien intencionado por parte del juez. Si en realidad el sospechoso no hizo nada, pero sí que necesitas darle una pena, y también quieres que reciba cierta asistencia para darle forma a su vida, entonces, mencionas «el servicio asistencial para la reinserción social».
El funcionario del servicio asistencial para la reinserción social que asistía a Arjen, no se sintió obligado a ayudarle a dar forma a su vida.
Inspirado por la madre de Arjen, que seguía buscando la salvación en aquella «inyección», él sólo tenía una solución: se tiene que encerrar a Arjen y «tratarle».
Unos días más tarde, me llamó y me exigió que hiciera que Arjen recibiera la inyección, y que si no lo hiciera, me haría una visita con un par de chicos que yo «no sobreviviría».
Yo le indiqué que no podía conseguir esta inyección, porque no era médico. «¡Entonces, tendrás que hacerte médico!», me gritó.
Una semana después, todo el país estaba alterado por la fuga de un interno bajo disposición judicial que secuestró una niña de 12 años durante su permiso. Tras una breve persecución, le detuvieron y la niña pudo volver al hogar familiar y su escuela. Para ella había sido un susto y no se comportaba diferente a si hubiera sobrevivido otro tipo de desastre.
Sin embargo, en los medios de comunicación se decía que había sido «abusada sexualmente» por el interno bajo disposición judicial. No se explicaba cómo pudo haber ocurrido algo así, y tampoco nadie se lo preguntaba.
El caso fue percibido con mucha alteración por parte de los políticos. Así, el portavoz del partido neerlandés PvdA (Partido del Trabajo), Aleid Wolfsen, causó pánico al preguntarse públicamente si el ministro Donner podía seguir ejerciendo tras esta horrible ocurrencia. Por supuesto que ministro Donner podía mantener su función, porque no fue él quien le dio permiso al interno bajo disposición judicial. Quienes dan permisos a los internos son los psiquiatras de los internados bajo disposición judicial, en este caso el Pieter Baan Centrum.
Aun así, el ministro Donner hizo circular el mensaje de que se anulaban todos los permisos de los internos bajo disposición judicial y que habría tolerancia cero en cuanto a todos «delincuentes de delitos sexuales».
Puesto que el mundo de la asistencia social se había alarmado con este caso, el funcionario del servicio asistencial para la reinserción social tenía más libertad para obrar a su gusto.
Contactó con el fiscal para pedirle el ingreso de Arjen en una clínica psiquiátrica porque Arjen era un peligro para los niños. Además, el fiscal recibió un informe de un psiquiatra de La Haya indicando que Arjen tenía un trastorno severo. Tres meses antes, aquel psiquiatra había visitado a Arjen en la cárcel en una sola ocasión durante media hora, para concluir entonces que no padecía de ningún trastorno psiquiátrico. Sin embargo, ahora declaraba lo contrario en el informe. Cuando le pedí explicaciones en cuanto a este cambio, se negó.
Y así, nuestro pedófilo acudió nuevamente ante el juez, sólo por las invenciones de un funcionario del servicio asistencial para la reinserción social.
El juez declaró que no podía hacer otra cosa más que basarse en la declaración del psiquiatra y ordenó la internación de Arjen, de momento, por un periodo de seis meses.

Dik Brummel

 

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