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Parafilias

 

El ABC de las parafilias

Dik Brummel

El término parafilias («desviaciones sexuales») es el término empleado para referirse a lo que en el pasado se consideró como «perversiones». Todos somos parafílicos, ya que nuestro comportamiento sexual tiene muchas más facetas de las que se perciben desde el exterior. Freud describió al niño como un «perverso polimorfo», lo que quiere decir que el deseo sexual se puede fijar, en teoría, en toda forma y en todo tipo de objeto. Según Freud, la cultura es la que convierte el niño perverso en un verdadero hombre o mujer mediante la educación y otros tipos de influencia. Por lo tanto, la heterosexualidad es la parafilia dominante, es la norma, lo que no quiere decir que la heterosexualidad no conlleve problemas. La distancia entre sexos es muy grande. El hombre quiere tener sexo, ella también pero sólo a cambio de algo. Asimismo, existen limitaciones estrictas. Las personas mayores y los jóvenes no caben dentro del grupo medio de procreadores fértiles. Durante la juventud, se suele practicar el sexo con torpeza. Muchas parejas experimentan problemas: él se corre demasiado pronto, ella no se corre, la penetración duele, el sexo no es como se desea o no es espontáneo. Los problemas sexuales experimentados por los heterosexuales se suavizan y contienen gracias a una industria de consejos matrimoniales en revistas y libros, estimulantes sexuales, pastillas y terapia sexual.
Cada parafilia viene acompañada de una parafobia, que es el miedo al deseo sexual contrario a las anomalías, a veces contra la norma.

Arabofilia
El amor por los jóvenes masculinos árabes es un fenómeno conocido entre los homosexuales de Europa del Norte. La razón es simple: estos jóvenes pueden ser hermosos y cariñosos, no pueden cumplir todos sus deseos sexuales por el respeto que sienten por la mujer, y están muy enfocados en el dinero como consecuencia de la pobreza relativa.
A pesar que la arabofilia es conocida en nuestra sociedad, la arabofobia se encuentra mucho más extendida.

Asfixiofilia
La asfixiofilia también es conocida como hipoxifilia. La asfixiofilia consiste en el estrangulamiento. Un estrangulamiento limitado suele ir acompañado por sexo apasionado. La excitación provocada por este estrangulamiento limitado puede englobarse en el sadomasoquismo, pero sobre todo también en la masturbación. Prácticamente, no pasa una semana sin que se encuentre el cadáver de una persona que no pudo, o quiso, quitarse a tiempo la bolsa de plástico o el cordón de la cabeza.

Autonepiofilia
La «autonepiofilia» se conoce también como «infantilismo patológico» o «infantilismo parafílico». De todos los objetos que pueden funcionar como un fetiche, el pañal es el más infantil. Esta parafilia consiste en el deseo de ser tratado como un bebé o niño y llevar pañales. Así, a ciertas personas les gusta comportarse, de vez en cuando, como un bebé y ser tratados como tales. Igual que en las otras variantes sexuales, este comportamiento atrae menos la atención cuando es una mujer quien lo hace que cuando es un hombre. Las mujeres están acostumbradas al comportamiento de bebé, las compresas higiénicas y los protegeslips. No es muy difícil comprender que el pañal se haya convertido en un fetiche, que se remonta a los primeros sentimientos eróticos que las personas hayan experimentado (en la mayoría de los casos inconscientemente). Todo el mundo que ha tenido que llevar un pañal en una edad avanzada por ser incontinente o después de una operación, conoce el efecto estimulante que un pañal puede tener en los genitales exteriores.

Bisexualidad
Todos los humanos son bisexuales, es decir, son tanto masculinos como femeninos (bi = dos) y se encuentran en una escala sexual dispuesta entre estos dos extremos.
La mayoría de la gente acaba en uno de los extremos de la escala gracias a su entorno y predisposición, y se enamora de una persona del sexo opuesto. Una pequeña parte de las personas se siente atraída (únicamente, o sobre todo) por personas de su mismo sexo y construyen con esta preferencia sexual su identidad. Así, al parecer, el mundo está compuesto de heterosexuales y homosexuales. La persona «bisexual» que se puede enamorar tanto del mismo sexo como del sexo opuesto, altera esta división. Visto de este modo, la bisexualidad podría ser la sal de la tierra. En la práctica, sólo se ha añadido otra categoría sexual de humanos que adquieren su identidad desde sus deseos sexuales y que luchan para ser reconocidos y respetados.

Coprofilia
Las heces son sucias, pero los conceptos de sucio y agradable se encuentran bastante cercanos (tanto entre las piernas como entre las orejas).
Para la mayoría de la gente, una caca en la calle, o una pila de diarrea en el váter, son repugnantes, pero una pequeña cantidad de heces (una miguita de excremento en el vello de un amante joven que aparentemente no ha aprendido que después de pasar de vientre uno se tiene que lavar) puede enloquecer al enamorado que le está lamiendo.
Los conceptos de sucio y agradable también van de la mano cuando se orina encima de la pareja, se emplea un lenguaje guarro, se llena la pareja con barro, champán, semen, etc.

Dendrofilia
El amor por los árboles no parece, a primera vista, igual que la bibliofilia (el amor por libros), algo sexual. Sin embargo, algunos hombres han sido pillados teniendo sexo con un árbol. Los griegos antiguos creían (léase, esperaban y fantaseaban) que algunos árboles eran en realidad ninfas (mujeres jóvenes) disfrazadas. También se suele considerar el tener sexo con una estatua una variante de la dendrofilia. La bibliofilia se respeta, aunque también se expresa mediante el siguiente comportamiento: mirar con deseo un libro, acariciar atentamente el exterior del libro, abrirlo, olerlo y desear poseerlo.

Exhibicionismo
El exhibirse de modo sexual a otras personas es, en principio, parte de la procreación. Las mujeres jóvenes enfatizan sus pechos y nalgas, su cuello y sus piernas largas, su piel joven y sin arrugas, sus labios rojos, sus ojos grandes, su pelo largo, etc.
La conciencia de esta belleza y el deseo de mostrarla a los demás empieza en las mujeres mucho antes de que lleguen a la pubertad, y se expresa en ciertas profesiones como modelo (fotográfica), cantante y bailarina.
Claro está que los hombres también son exhibicionistas, como se puede ver claramente en modelos fotográficos, estrellas del pop o en otros artistas públicos. Aun así, los hombres no pueden permitirse tanto en público como las mujeres, y por eso hay muchos más casos masculinos de una cierta obsesión de querer exhibir el sexo o el trasero. Estos hombres tienen mucho miedo de exhibirse en público, pero acaban haciéndolo porque a la vez les excita mucho. La combinación de miedo y deseo sexual aumenta la intensidad de la experiencia.

Fermininofilia
Esta parafilia consiste de la atracción hacia los objetos o las personas feas. Así, algunas personas se sienten atraídas por los feos, algo contrario a la biología evolucionaría que explica por qué todos los humanos quieren ser hermosos y quieren tener posesiones. Tal y como ocurre en otras parafilias, esta anomalía demuestra la gran cantidad de formas de amar que tiene el ser humano. Por supuesto que la fobia relacionada con esta filia se encuentra mucho más extendida, tanto, que se suele relacionar las palabras «malo» con «feo».

Fetichismo
En realidad, un fetiche es un ídolo u objeto de culto al que se atribuye poderes sobrenaturales. La palabra proviene de la palabra portuguesa «feitiço», que significa «amuleto». En el siglo XV, los marineros portugueses se llevaron amuletos desde África que supuestamente aumentarían la potencia sexual.
Para los humanos, los objetos son mucho más que meros utensilios. Los sentimientos de apego que un bebe experimenta con respeto a un trozo de tejido o una pequeña muñeca se desarrollan durante la juventud en una fuerte necesidad de afirmar la propia identidad mediante cierta ropa o zapatos.
Los objetos, sobre todo cuando se encuentran en el cuerpo de una persona, despiertan también deseos sexuales. Los fetiches más conocidos son la ropa, la ropa interior y el calzado.
El porno suave de las revistas para mujeres demuestra que las mujeres no son menos fetichistas que los hombres.

Fetichismo por el pelo rubio
En neerlandés, este fetiche se llama «xanthippisme». Xanthippe, o Jantipa, fue la esposa del filósofo Sócrates, y su nombre significa «caballo rubio». Es consabido que los hombres se sienten atraídos por los caballos (y cabellos) rubios. La explicación de este hecho es, probablemente, que el caballo rubio da la impresión de especie nueva y prometedora.
La fobia, que se expresa mediante bromas despectivas, es el resultado de descubrir que la primera impresión no era del todo acertada.

Gerontofilia
Normalmente, los mayores no son objeto de deseo sexual, simplemente porque ya no son fértiles. Por esta razón, se suele considerar que los mayores no son atractivos. El término «gerontófilo» se suele emplear de modo erróneo cuando, durante un robo en una casa, una mujer anciana es violada. Esta equivocación es comparable al empleo del término «pedófilo» para un violador de niños. Normalmente, la fobia hacia los mayores viene disfrazada de respeto, cuidado por obligación y discriminación amable.

Homosexualidad
La palabra griega «homoio» significa «igual», por lo que «homo» no proviene de la palabra latina similar que significa «hombre». Al contrario, los homosexuales masculinos disponen más bien de ciertas características femeninas, mientras que los homosexuales femeninos tienen algo masculino. En el siglo XIX, se inició un movimiento a favor de que los homosexuales obtuvieran los mismos derechos que los demás, materializándose en el derecho de los homosexuales a casarse y poder adoptar niños en un número de países cada vez mayor. Hoy en día, el homosexual adulto es oficialmente un ciudadano pleno, lo que también tiene sus consecuencias negativas, a saber, la tendencia de ser respetable, es decir, querer caer en gracia con los superiores y menospreciar los inferiores.

Imaginismo
Ningún otro animal tiene tanta imaginación como el ser humano. Hemos podido evolucionar gracias, entre otras cosas, a nuestra capacidad de imaginar un mundo diferente a cómo es en realidad. Esta fantasía, y por lo tanto, el desarrollo de lengua y cultura, es la consecuencia de nuestra capacidad de amar. En ningún otro campo se fantasea más de lo que se realiza.

Necrofilia
La necrofilia consiste en experimentar excitación sexual al ver un cuerpo sin vida. La explicación a este fenómeno es muy simple. En diferentes empleos, hay gente que tiene que trabajar con muertos: los médicos forenses, los enfermeros, los que cuidan el cadáver y los sepultureros. Hasta hace tan sólo uno o dos centenares de años, la muerte era abundante y diariamente presente. Mucha gente moría a temprana edad. Al estar a solas con el cuerpo de una persona joven que en total plenitud de su belleza se encuentra en una disposición totalmente pasiva, que no se resiste, ni tampoco tiene sentimientos que puedan dañarse, se necesita poco para experimentar un deseo sexual y satisfacerse tocando el cuerpo muerto, masturbándose o incluso practicando el sexo con penetración.
Para el hombre, un objeto sexual totalmente pasivo y dócil es una fantasía que nace de la inaccesibilidad de parejas sexuales. Los hombres piden alguna vez a su mujer que se mantenga inmóvil. La necrofilia también ocurre en mujeres.

Onanismo
Onán, obligado por su padre Juda, tuvo que procrear con la viuda de su difunto hermano, pero no quiso, ya que los hijos no serían considerados como suyos, así que practicaba el coito interrumpido y «vertía por tierra» cuando estaba con ella (Génesis 38.9). Dios le castigó inmediatamente y Onán fue ajusticiado por su desobediencia. Esta historia demuestra que el coito interrumpido es un método anticonceptivo muy antiguo. En el siglo XIX, los opositores al sexo relacionaron el nombre de Onán sobre todo con la autosatisfacción (por cierto, también consideraron el coito interrumpido una forma de autosatisfacción) y así nació el término «onanismo», un término poco popular y reemplazado en el lenguaje actual por el término «masturbación».

Pedofilia
La palabra griego «paid» significa «niño». Si un adulto (una persona mayor de 18 años) se enamora de un menor de edad (una persona menor de 16 años) o se excita sexualmente viendo imágenes de un menor de edad desnudo (una persona menor de 18 años) se habla estrictamente de pedofilia. Es tan común que casi todo el mundo podría ser considerado pedófilo. Puesto que el tan sólo ser consciente de estos sentimientos está severamente prohibido, y mucho más hablar de ellos, estos sentimientos reprimidos acaban proyectándose en una minoría que se preste a ello, y que se autodomina, por decirlo así, pedófila. En este contexto, se suele relacionar la pedofilia con «niños» o personas menores de 12 años. El afán natural de proteger a los niños pequeños, acompañado por sentimientos intensos de agresión, hace del pedófilo un animal depredador peligroso.
Lo que ahora se aplica a los pedófilos, en el pasado reciente se aplicó en menor medida a los homosexuales. En este caso se pinta el amor como un fenómeno repugnante y criminal, pudiendo causar mucho dolor silencioso, soledad, formas de satisfacción fugaces y causar sentimientos de culpabilidad, peticiones de «curación», pena y castigo, depresión, suicidio. Los pedófilos socios de la asociación neerlandesa Martijn, muestran el coraje de una minoría, aunque incluyen muy poco sexo y muchísimos «sentimientos» en su mensaje. Para la extrema derecha política, que saca su apoyo del clima social actual, este mensaje es todavía insuficientemente decente.

Ritualismo
Los rituales tienen una función organizativa y controladora, en la religión, en la política, en la vida social y también a nivel individual. El comportamiento sexual está fuertemente ritualizado, tanto en el ámbito público (coquetear, casarse, crear una familia), como en el ámbito privado (horas y lugares adecuados, secuencia de acciones, ambiente). Para mucha gente el ritual es imprescindible, y para algunas personas el ritual toma el lugar de la percepción.

Sadismo
El sadismo (derivado del nombre del marqués de Sade, 1740-1814, escritor francés) consiste de experimentar placer (sexual) infligiendo o siendo sometido a coacción, humillación, tortura e indiferencia.
El sadismo es universal. Casi todo el mundo se enamora por primera vez a una edad bastante temprana, antes o al inicio de la pubertad. Este amor casi nunca es mutuo. Los chicos se suelen enamorar de chicas que, generalmente, son más maduras o mayores que ellos mismos, mientras que las chicas se enamoran de ideales inalcanzables, y saben que son deseadas por muchos hombres que no alcanzan sus ideales. El enfado y la frustración en cuanto al sexo opuesto están inseparablemente relacionados con estas experiencias. En chicas, las fantasías sobre ser molestada, agredida sexualmente o violada son muy normales y suelen forman parte de la masturbación. En chicos, es frecuente la fantasía de que las chicas les obedezcan y que hagan cualquier cosa que ellos quieran.
La experiencia diaria con sentimientos de impotencia y supremacía en las relaciones con padres y profesores, con los sentimientos de culpabilidad y penitencia con personas del mismo sexo que son más hermosas y fuertes, con la inaccesibilidad del amor verdadero, se mezclan con lo sexual a la hora de establecer las «relaciones». En casi todas las relaciones sexuales existe un componente sádico. La pareja se hiere, forma lazos sentimentales, ejerce poder sobre el otro, posiblemente disfrutando de todo eso.

Travestismo
El término travestismo proviene de la expresión latina «trans vestire». A los niños les encanta disfrazarse. En ambos sexos durante y después de la pubertad, el tocar, acariciar y ponerse, sobre todo, ropa femenina, pueden ir acompañados de deseos sexuales muy fuertes. A las mujeres se les permite mucho más que a los hombre en cuanto a la ropa que llevan, ya que el travestismo es más bien raro en los hombres. Muchos hombres han llevado ropa íntima femenina por algún tiempo en secreto y se han masturbado en estas prendas, pero el deseo de ponerse ropa femenina puede convertirse en una preferencia u obsesión acompañada por sentimientos negativos sobre el propio sexo.

Urofilia
Orinar encima de la pareja sexual es muy común en las parejas estables en el ámbito privado, por lo que sólo se menciona la urofilia aquí para completar esta lista alfabética. En la urofilia es común que se recoja la orina con la boca y, como la orina es estéril, este acto no forma ningún peligro para la salud.

Voyeurismo
Mediante nuestra mirada (el verbo francés «voir» significa «ver/mirar») experimentamos diariamente sentimientos secretos de deseo sexual y repugnancia. Por lo tanto, todos somos voyeuristas.
A una edad muy temprana experimentamos fascinación y vergüenza al ver personas besándose o haciendo el amor, ya sea en la vida real o en la ficción. Nos enamoramos de una persona por la imagen que tenemos de esta persona. Muchas veces, el objeto de nuestro enamoramiento es inaccesible. Observar a una persona desde detrás de una cortina o una duna, y masturbarse viendo a una persona sin que esta lo sepa, son experiencias muy excitantes, debido en gran parte al miedo por ser observados y pillados por otra persona.
El voyeurismo está representado comercialmente en el erotismo textual e iconográfico, en el striptease, el peepshow, y generalmente también en las revistas del corazón y las novelas románticas modernas.

Yoguismo
El yoguismo consiste en seguir los principios orientales en cuanto a la sexualidad, como el yoga, tao, kamasutra, chakras, etc. Aquí se trata de técnicas muy antiguas que sirven para crear un lazo (la palabra «yoga» significa «unión») entre el ser humano y las fuerzas superiores «espirituales», elevando el «cuerpo» a «espíritu». Los seguidores del yoguismo prometen un matrimonio feliz gracias a que el hombre tenga erecciones duraderas y la pareja experimente orgasmos interminables así como una armonía espiritual con el universo entero.

Zoofilia
El amor por el animal (la palabra griega «zoon» significa «animal») se expresa sobre todo en el apego y el cuidado de mascotas. A veces, este amor se puede hacer sexual, como por ejemplo entre el granjero y uno de sus cerdos, o una mujer y su perro. La violación de gallinas, conejos y otros animales pequeños es maltrato animal.
La fobia (no sólo a ratones, arañas y tigres) es universal, ya que los animales, incluso el ser humano, compiten entre si y muestran un rechazo sexual. El ser humano es el primer animal que quiere sentir amor por todos los otros animales. Sin embargo, la industria de la carne, los experimentos con animales, el transporte de animales de granja, la explotación industrial, e incluso el modo en el que tratamos a nuestras mascotas, demuestra que todavía no hemos logrado amar a todos los animales.

Puedes consultar también:
- sexo y sociedad > variantes sexuales > parafilias
- cartas sobre lactofilia, abasiofilia en capnolagnia

 

 

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